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Comer crudivegano en invierno y en verano

Hoy te quiero presentar un blog con un montón de información de interés sobre alimentación, salud y muchas ideas para que lleves un día a día saludable, con muchísimos crudos y una alimentación bien equilibrada.

Es el Universo de Cris, una iniciativa de Cristina Muñoz.

Además, tengo el placer haber escrito una entrada para su blog que se publicó unos días atrás. Y no lo he podido evitar, porque al final me ha acabado pareciendo una buena mini guía para un día a día crudo y vegano con éxito, así que también lo he añadido al blog de Kijimuna’s Kitchen. Así también siempre lo tendrás disponible aquí.

Pero, por favor, pasen y vean el blog de Cristina, donde encontrarás información de gran interés para empezar y continuar la dieta más saludable.

Espero que mi entrada te guste. Aquí sigue:

Hace muchos años decidí cambiar mi dieta y mi estilo de vida radicalmente.

El motivo inicial del cambio fue rotundamente ético. Viví gran parte de mi vida sin realmente preocuparme de poder encontrar el tiempo para averiguar cuál era el origen de los alimentos que llegaban a mi plato. A muchos nos pasa, simplemente estamos tan y tan ocupados en mil cosas que  pasamos por alto estas cuestiones, ni siquiera nos damos cuenta del trasfondo ético, saludable, político que se oculta detrás de nuestro plato y de nuestras opciones alimentarias cotidianas. Confiamos en los productos comestibles —que no siempre son alimentarios, por mucho que así los etiqueten— que hay en el supermercado o en el mercado: ¿cómo puede ser que alquien vaya a vender comestibles o bebestibles para el consumo humano que sean dañinos, que contengan tóxicos e incluso venenos, que nos hagan enfermar? ¿Cómo puede ser que el ser humano sea capaz de tanta crueldad simplemente para producir un quilo de carne? Un planteamiento naïv, ¿verdad? Sobre todo ahora que se están destapando tantos malos usos y malas intenciones de los grandes magnates de la industria alimentaria.

Al final, en el mejor de los casos, siempre pasa lo que tiene que pasar. Por un motivo o  por otro, los ojos se acaban abriendo y encontramos el tiempo para tomar conciencia y para escarvar en la triste realidad de las cadenas de producción alimentaria.

A muchos de nosotros nos educan queriendo hacernos creer que sin proteína animal no vamos nunca a estar sanos, o que nuestro cerebro no va a funcionar correctamente, o que nos faltará calcio si no consumimos leche durante toda la vida, que hay que “comer de todo” para estar sanos, que ésa es nuestra naturaleza, o que el cuerpo tiende a la enfermedad y que hay que medicarse y vacunarse como mínimo estacionalmente y medicarse ante cualquier pequeño síntoma o dolor de cabeza.

Qué gran decepción —y qué alegría, al mismo tiempo— descubrir que nada de eso es necesario, que  mucha de esa información que nos llega y nos quieren inculcar desde niños no responde más que a los intereses creados que benefician a unos pocos sin escrúpulos (al cargo sobre todo de la industria alimentaria y farmacéutica) y que perjudican a muchos seres vivos, el ser humano incluido, y al planeta en general.

Afortunadamente, nunca me gustó el sabor de la carne. Personalmente, encuentro una gran paz interna ante esta realidad. Aunque hay a quien le parece que la carne acompañada de muchos vegetales y condimentos es deliciosa, lo único que es delicioso es el enmascaramiento de sabor que consiguen esos condimentos ante algo que no es nuestro alimento biológico. Aunque, honestamente, a mí ese sabor me parece imposible de enmascarar, por muchos condimentos que se le añada.

Así que tuve una transición rápida y felicísima al tipo de dieta que llevo hoy día, 100% cruda y vegana. No sólo no me costó nada dejar de consumir los poquísimos productos de origen animal que consumía muy de vez en cuando por temor a tener carencias —según me habían enseñado durante tantos y tantos años—, sino que supuso para mí una gran liberación saber que mis alimentos preferidos debían ser los únicos presentes en mi dieta. De esto hace ya muchos años, y no sólo no ha empeorado mi salud, sino que ha mejorado y han incrementado mis niveles de energía.

Por otra parte, siempre me gustó prerarar mis alimentos con cariño; me apasionaba y me apasiona. Por ejemplo, en el pasado me encantaba preparar pan en invierno; más que el pan, lo que me fascinaba era todo el proceso de preparación, la cocción, el aroma del cereal recién horneado, la atmósfera de algo tradicional y casero;  o investigar en la historia de los alimentos y tradiciones en diferentes culturas, o leer sobre sus propiedades curativas y medicinales; cosas estas dos últimas que sigo haciendo aún a diario. Nunca se deja de descubrir hechos interesantísimos.

Desde 2007, de manera natural y sin proponérmelo, empecé a llevar una dieta básicamente basada en frutas y vegetales crudos y, desde hace más de cinco años, 100% basada en  frutas y vegetales crudos —excepto en alguna ocasión o compromiso social en la que tenga que comer fuera de casa, mi alimento es 100% crudo; y siempre, siempre, de origen vegetal… Es en estas ocasiones sociales donde únicamente me permito alguna excepción, eso sí, nada frito, por favor, y siempre es mejor empezar las comidas con una ensalada. Tampoco tenemos que ser tan estrictos e infexibles, ¿verdad?, al final lo que es tan bueno y saludable lo podemos convertir en un nuevo problema por una cuestión de inflexibilidad. Y, ¿por qué crudo? Por cuestiones serias de salud, había decidido hacer un cambio en mi estilo de vida y, dentro de ese cambio, vino incorporada la manera en que se preparaban los alimentos en mi dieta —que ya hacía mucho tiempo que era vegetariana estricta—. Empecé a necesitar una preparación cada vez más sencila de mis platos, cada vez más respetuosa, cada vez más nutritiva, cada vez más digestiva.

Y precisamente esta dieta tan beneficiosa no dejaba de ir acompaãda siempre por las preguntas de los curiosos, o por comentarios y expresiones de pesar de aquellos otros que aún no saben abrir los ojos y que piensan “pobrecita, no puede más que comer unas lechugas y unos tomates”.

Cuando, en el fondo, es justamente lo contrario. Los nuevos límites y elecciones de mi dieta me habían beneficiado no sólo a nivel de salud, de energía, de felidicidad, de saber que mis actos no contribuyen al sufrimiento de otros seres sintientes, de que mis actos diarios tienen un impacto menor en el medio ambiente; sino que también me ayudaron a desarrollar una sensibilidad diferente, un conciencia nueva sobre mi entorno y una creatividad sin límites que pinta de colores mi cocina, mi plato, mi día a día y el de los seres queridos que  me rodean. Y, así lo espero también de tus días, por eso creé este blog.

Según muchos me comentan, Kijimunas Kitchen es una inspiración si quieres empezar tu propio camino hacia una alimentación saludable, natural y biológica. No es fácil  cambiar los hábitos de toda una vida, ¿verdad? Bueno, a mí sí que me resultó y me resulta sencillo. El secreto radica en no complicarse mucho el día a día. Con batidos verdes (con hojas, verduras, frutas), ensaladas grandes y variadas y frutas tenemos más que suficiente para disfrutar y para cubrir nuestras necesidades nutricionales. Y, me consta también, que muchos otros proyectos similares han surgido y están surgiendo gracias a la existencia de Kijimuna’s Kitchen.

Aún así, muchos que empiezan a tomar conciencia de su alimentación, me preguntan qué es lo que como a diario, cómo me organizo el día para salir airosa y mantener mi dieta y llevar una vida urbanita más o menos ocupada y saludable.

La verdad, es muy sencillo, y depende un poco de las estaciones del año; lo mejor es siempre comer de temporada. En verano, por ejemplo, me encantan los zumos de frutas y comer fruta tal cual nos la brinda la naturaleza. Preparo muy poco mis alimentos, básicamente me apetecen ensaladas y fruta jugosa. No como cosas frías, e intento evitar siempre los congelados o los helados. Los helados y congelados no son tan saludables, por muy caseros que sean. Al congelar los alimentos, las enzimas pierden sus propiedades catabólicas, si congelamos, por ejemplo, frutas que aún no han madurado, ya jamás madurarán. Los alimentos fríos tampoco son buenos, someten a estrés a nuestro organismo, solidifican las grasas y acabamos acumulándolas y, además, son excitantes. Lo mejor, siempre, es intentar tomar los alimentos a temperatura ambiente. Y, si en invierno te parece que hace mucho frío, siempre se pueden calentar: recuerda que es a partir de los 38 ºC que los alimentos empiezan a perder sus propiedades, y a partir de los 42 ºC, aún de manera más acusada.

Otros trucos a la hora de comer crudo en invierno pueden ser calentar el plato antes de servir los alimentos, o empezar las comidas con un caldo vegetal caliente o una infusión. Cada uno tendrá sus necesidades, pero, al final, el cuerpo acaba adaptándose e incluso, como es mi caso, los alimentos o bebidas calientes o muy calientes dejan de ser agradables.

Hay dos estaciones que a mí me fascinan en cuanto a la variedad de alimentos: una es la primavera y, la otra, el otoño. En estas dos estaciones de transición conviven frutas y vegetales muy diversos y variados, son estaciones coloridas, donde la madre Naturaleza se encarga de decirnos que es el momento ideal para recargar nutrientes después de la sobriedad del invierno o antes de que lleguen los fríos.

Para mí, la mejor estación del año es el otoño, justo en el momento en el que estamos. Es una estación pintada de naranjas, rojos, azules violeta, blancos, negros, verdes, amarillos. Están todos los colores.

Así que para celebrarlo, hoy he decidido que te voy a dejar un menú diario de lo que podría ser un día de otoño para mí.

Lo importante, siempre, es empezar bien el día. La mejor manera de alcalinizar y ayudar a tu cuerpo en su detox diario es empezar con un zumo de limón tibio cuando te levantas. En mi caso, para ayudarme en mis malabares culinarios —me encanta inventar recetas y estrategias de preparación de alimentos— preparo normalmente una buena jarra de limonada concentrada que puedo guardar unos tres días en la nevera y, por las mañanas, mezclo un vaso de esta limonada con agua caliente para empezar el día. Aquí tienes la receta.

Limonada, raw & vegan

Durante la mañana, procuro no tomar nada excepto agua, o infusiones no excitantes si es invierno. Si tengo la suerte de estar en casa y siento hambre, entonces me preparo un zumo verde vegetal o, a veces, de frutas. Aunque la mayoría de las veces espero a la hora de preparar la comida y tomo un batido verde como aperitivo, cosa que me ayuda a no picar mientras preparo la comida y, además, me permite hacer una pausa entre ingesta de batido verde e ingesta de los alimentos sólidos de la comida, que generalmente es de 14h a 16h. En mi blog no vas a dejar de encontrar inspiración para preparar elixires, batidos, zumos vegetales y de frutas.

La gran fiesta de mi día a día, es la comida de media tarde. Después del aperitivo verde, el batido que explicaba, le sigue una ensalada gigante con hojas, frutas y verduras bien combinados, pero sin demasiadas mezclas que entorpezcan el trabajo de la digestión. En otoño, ésta es una de mis ensaladas favoritas. No tiene muchos secretos: endibias cortadas en tiras, granadas, manzanas cortadas en espirales, uvas negras, la hoja verde que te apetezca añadir (desde perejil a espinacas pasando por el apio y más) y aliñada con zumo de naranja y zumo de chucrut casero. No te preocupes, en mis próximos posts hablaremos de aliños y chucrut. De momento, la ensalada. Ah, y si no te cuadra que puedas comer en casa, puedes llevarte la ensalada al trabajo, es de lo más sencillo. Simplemente, guárdala en un bote de cristal o en tu tupper para llevar al trabajo y no mezcles el aliño hasta la hora de comerla, para que no se marchiten las hojas.

Ensalada de otoño con granada y uvas

Los postres y la fruta es mejor no comerlos inmediatamente después de la comida o almuerzo, sino esperar un par de horas, tiempo que le dejaremos a nuestro sistema digestivo para hacer la digestión. Es decir, los postres serán la merienda.

Pero, la verdad, a mí me encanta tomar mi postre para acabar de almorzar. Así que, también para esto tengo una solución. Ya que como mi ensalada es básicamente hojas verdes y frutas bien combinadas y poca mezcla, con una pequeña pausa de 30 minutos antes del postre tengo más que suficente para no causarme problemas o pesadez de digestión, siempre y cuando el postre siga la misma tónica que la súper ensalada. Es decir, fruta con muy pocas mezclas y todo bien combinado.

Flan de otoño

Así que espero esos 30 minutos, durante los cuales me tomo mi tiempo para preparar mi postre frutariano, como a mí me gusta llamarle. En otoño, éste que ves aquí arriba es mi favorito: flan frutariano 100% raw. ¿Cómo se prepara? Pues, ¡es demasiado fácil!

Para un súper flan que serviría a cuatro personas, necesitas seis caquis tomateros bien maduros, sin las semillas y sin la piel si no son eco. Si son eco, les puedes dejar la piel, aunque el sabor es un poco más áspero y las propiedades de tu flan más astringentes. Una vez tienes el caqui sin semillas, lo bates bien batido y lo pones en uno o varios moldes. Lo dejas en la nevera durante la noche y, al día siguiente, ya lo tienes listo para desmoldar y bien solidificado, como una gelatina. Sí, sí. Es sólo una fruta y ya está. ¿Quién dijo que comer crudivegano es complicado? Lo será sólo si tú lo quieres.

Para acabar de servir tu flan, ayúdate de una espátula fina para separar el flan de caqui de las pareces del molde e invierte sobre un plato. Se acabará de desmoldar sólo. A mí me gusta decorarlo con sirope de arce eco (lo único que no es crudo), que es muy rico en minerales, sobre todo en hierro, muy poco procesado y de índice glicémico medio y unas cuantas frutas deshidratadas al gusto; en la foto verás pasas de Málaga, higos, ciruelas, cranberries, bayas del Inca, de aronia y de manuka. No me he privado de nada, ¡ha!

Como ves, es un menú muy bajo en grasas, con lo que si te apetece más tarde hacer una maldad (que sea saludable), pues bienvenida sea. En mi caso, ahora que es invierno, me mortifico 🙂 con algún panellet de cuando en cuando. Hace ya tres años que publiqué una receta muy sanita, Panellets raw style, para que hagas estos dulces Mediterráneos de otoño; ponle sólo un poco de imaginación a la receta base y conseguirás unos dulces increíbles con los que regalarte a tí y a tus seres queridos.

Panellets

Y, después de todo esto, pues por la noche no tengo hambre, la verdad. Pero si me da una hambrecita, tomo un zumo o una sencilla ensaladita de hojas verde oscuro y vegetales (tomate, pimientos, pepinos, etc.) o un zumo de limón. Procura siempre que tu cena sea temprano, nunca después de las 21 horas, para dejar tiempo a tu organismo para hacer la digestión y prepararse correctamente para el proceso de reparación nocturna.

Esto es todo por hoy, que no es poco, ¿verdad? Pronto, alguna sorpresita más para compartir. Ah, y no te olvides que me puedes seguir en Facebook, Instagram y Twitter, donde encontrarás miles de ideas —sin exagerar— para hacer tu día a día más colorido, nutritivo, creativo, consciente, ético y saludable.

¡Bon appétit!

2 comentarios

  1. MUY BIEN ARTESANAL DE IDEAS CULINARIAS

    GRACIAS HADA DE LA COCINA

    ABRAZO

    JULIA