Dulces sin culpa
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Fresones con nata vegetal y ganache de chocolate crudivegano

Fresones con nata vegetal y ganache de chocolate crudivegano

Nota a la entrada original publicada el 10/02/2015:

Hace ya casi un mes, no exajero, que veo por todas partes recordatorios consumistas para celebrar San Valentín. Cada año empiezan mucho antes todas las campañas que tienen que ver con el consumo. En mi caso, yo no compro nada especial, pero tampoco me importa prepara algún dulce o plato especial para esta ocasión. Total, lo hago casi cada día. Y este año te quería recordar esta receta que encontrarás en el archivo de este blog.

Y es que a esta receta en concreto le tengo especial cariño. La publiqué por primera vez el 13/05/2012… ¡Madre mía! Sí que ha llovido desde entonces.

Pero, ¿por qué le tengo especial cariño a esta receta? Pues te cuento que es una de las recetas favoritas de mi blog, muchos amigos y conocidos la han preparado y el feedback es siempre tan gratificante. Nadie se espera que sea tan sencillo crear texturas, cremas, natas, ganaches  con tan pocos ingredientes, en crudo y sin ningún ingrediente de origen animal; lo mismo que nadie se espera que  los postres saludables, éticos y conscientes puedan ser tan deliciosos y fáciles de preparar. ¡Oh, sí! Es una de esas recetas para convencer que lo saludable, y lo ético, también es delicioso, te lo aseguro.
Mi amigo Carlos, que es otro fan de esta recetita, la llama la “Copa Vegana” y me consta que la prepara deliciosa con su toque personal especial.

Otro motivo por el que me gusta esta receta es por uno de sus ingredientes, que es bien polémico en la cocina crudivegana: el anacardo. ¿Por qué es tan polémico? Por varios motivos.

Uno, porque cuesta encontrarlo en crudo… Sí, sí. Esta semilla originaria de Brasil, el anacardo no es un fruto seco aunque comúnmente se lo clasifica así, es difícil de privar de su cáscara ya que ésta contiene una resina o aceite abrasivo y tóxico que al tocarla con las manos nos quemaría la piel y que al entrar en contacto con la semilla sería motivo para desecharla.
Una de las maneras más comunes de pelar el anacardo es utilizando el calor, someter este aceite  corrosivo a temperaturas elevadas y luego pelarlos, ya que el calor lo neutraliza. Pero existe también la manera de pelarlos sin calor, de manera mecánica, utilizando herramientas y técnicas especiales.
Así que lo único que podemos hacer es preguntar donde compramos nuestros anacardos si son crudos o no. En la mayoría de tiendas pequeñas no te saben decir, ya que vienen empaquetados en bolsitas donde no se especifica. Pero en las tiendas donde venden productos a granel sí que te pueden informar; generalmente esta información viene especificada en el saco que los negocios compran al mayor.

Otro de los motivos por los que este ingrediente me parece peculiar es porque hay mucha aversión hacia él. En cocina cruda se usa mucho, para mi gusto, demasiado; por su textura sedosa y cremosa que recuerda mucho a la textura de los derivados lácteos (cremas, natas, quesos). En esto tendríamos que tener cuidado pero no sólo con el anacardo, sino con cualquier otro fruto seco, e intentar consumirlo sólo en ocasiones puntuales y en pequeñas cantidades. Ya sabes lo golosos que pueden ser los frutos secos y lo fácil que puede ser recurrir en exceso a ellos; cuando son alimentos que hay que consumir en muy poquita cantidad y mejor ellos sólos que combinados con otros alimentos para evitar malas digestiones y poner trampas a la asimilación de sus nutrientes.

Y el último motivo por el que es polémico es por la falsa atribución que se le hace de alimento sin interés o con excaso interés nutricional. Hay quien incluso afirma —igual por desconocimiento, igual por manías a no querer incluir grasas en la dieta— que los anacardos apenas tienen propiedades nutritivas, pero, es precisamente por su riqueza en nutrientes que se ha vuelto una semilla estrella en Europa y fuera de Europa. El anacardo se hizo común en Europa hace muy poquito tiempo, a partir de los años 90. Y fíjate cómo ha triunfado desde entonces.

En cuanto a sus valores nutricionales, te cuento que son ricos en el complejo de vitaminas del grupo B (B1, B3, B5, B6, B9), vitamina K, en minerales como el cobre, el calcio, el magnesio, el manganeso, el potasio, el fósforo, el zinc, el selenio, también algo de calcio y en ácidos grasos saludables (67%) omega 6 sobre todo pero también un poquito de omega 3, carbohidratos (22%), proteínas (11%) y fibra. Por tener, tiene casi de todo, ¿verdad? Fíjate que contiene todos los aminoácidos esenciales, aquellas proteínas que nosotros no podemos sintetizar y necesitamos incorporarlas a través de los alimentos. Justo esta increíble riqueza de nutrientes lo hace de lenta y dificultosa digestión. Para mejorar su digestibilidad, es mejor remojarlos unas dos horas antes de usarlos, descartar el agua y lavarlos bien siempre con agua filtrada o de manantial. Y si los fermentamos y los consumimos a modo de yogur o quesos su digestibilidad aún mejora y aumentan sus propiedades nutricionales.

La lista de propiedades beneficiosas no acaba aquí. Además, el anacardo es un alimento rico en triptófano, un aminoácido esencial precursor de la serotonina que nos ayuda a relajar la mente y cuya deficiencia o carencia se relaciona con síntomas de depresión, ansiedad, angustia, tristeza, irritabilidad, trastornos del sueño, trastornos alimenticios y comportamientos compulsivos. Para asimilar el triptófano el organismo necesita combinar los alimentos ricos en triptófano —anacardos, cacao, dátiles, sésamo, pipas de girasol y calabaza, plátanos, calabaza, espirulina,…— con carbohidratos, ácidos grasos omega 3, magnesio, zinc o vitamina B6. Claro, que si nos fijamos, el anacardo, de por sí, ya contiene todos estos nutrientes de manera natural.

En mi caso, yo los consumo muy poco, la verdad, y los reservo para mis exquesitos y yogures que estoy segura que ya conoces y algún que otro capricho muy puntual. Pero por el mismo motivo por el que también consumo en muy pocas dosis otros alimentos, como el coco. Mi foco o mi punto de vista a estas alturas, después de tantos años de dieta cruda saludable, es bien diferente al de muchos otros raw foodists. Siempre que tengo que decidir si un alimento es bueno o no es bueno para mí, dada la variada y contradictoria información que podemos encontrar en los diferentes medios, me pregunto: ¿este alimento lo ha diseñado la Naturaleza para el ser humano? Es decir, ¿lo podríamos consumir directamente y de manera fácil, sin el uso de técnicas especiales, si lo encotrásemos tal cual en la Naturaleza? Si la respuesta es sí, pues ése es para mí mi alimento. En el caso del anacardo y otras semillas, los frutos secos con el coco incluido –el coco es un fruto seco, ¿sorpresa?–, las legumbres, los cereales, algunas verduras, etc. la respuesta es no. Y, por eso, desde hace mucho tiempo ya que intento evitar algunos alimentos que escapan a esta lógica fisológica e  intento incluir otros que no estaban antes en mi alimentación. Sinceramente, merece la pena tomar estas decisiones y dejar el resto de alimentos para ocasiones contadas, para los caprichos. Las digestiones son mucho más ligeras, la energía aún más sostenida, se nota aún más en el tono, brillo y salud de la piel, cabello y uñas e incluso emocionalmente los efectos postivos son clarísimos.

Bueno, no continúo más haciendo apología del anacardo, ¡haha! Pero no te dejo sin antes invitarte a que te autocuestiones sobre la buena o mala fama de algunos alimentos, que cuestiones las fuentes, contrastes tu información y, al final, que seas tú mismo quien escuche la respuesta de tu cuerpo a la hora de consumirlos.

Te dejo ya con la receta que publiqué por primera vez el 13/05/2012… Espero, como siempre, que la disfrutes.

Straberries raw vegan triffle with chocolate ganache

Fresones con nata vegetal y ganache de chocolate crudivegano

¿Quién no echa de menos un postre decadente de cuando en cuando?

Para cuidar tu salud y permitirte un capricho al mismo tiempo, aquí tienes esta receta para un postre sano sin nada de culpa, lleno de color y sabor y sorprendentemente ligero.

Para la nata vegetal no se ha incluido ningún endulzante, no es necesario ya que los anacardos son de por sí dulzones y para evitar exceso de endulzantes —que ya contiene el ganache de chocolate— y evitar excesos y malas combinaciones.

Tiempo de preparación: 5 min. Tiempo de cocción: no necesita. Listo en: 1 hora
Para 4 personas

Ingredientes

32 fresones medianos (o frutos rojos al gusto dependiendo de la temporada)

Para la nata
2 tazas de anacardos crudos, remojados durante 2 horas y lavdos
1 c. pequeña de semillas de vainilla
1/2 taza de agua de manantial
1/2 limón, el zumo

Para el ganache de chocolate
2 c. soperas de cacao crudo puro en polvo
2 c. soperas de aceite de coco, líquido
1 pizca de sal
4 c. soperas de sirope de arce o al gusto (no es crudo)
1/2 vaso de agua de manantial

Método de preparación

Para la nata
Coloca todos los ingredientes para la nata en una batidora de vaso y bate hasta obtener una crema suave.
Guarda este mousse en un recipiente de cristal o cerámica en el refrigerador durante 1 hora antes de servir.

Para el ganache de chocolate
Combina el aceite de coco líquido con el cacao en polvo y la sal y mezcla hasta obtener una pasta homogénea. Añade el sirope de arce y el agua y bate enérgicamente hasta obtener una salsa espesa, tu ganache.

Coloca parte de los fresones en copas de cristal, cubre con la nata y añade una última capa de ganache de chocolate. Decora con el resto de fresones.

Listo para servir.

¡Bon appétit!

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